Signos oscuros de mi boca extraña | Antología

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Editorial
Bonobos editores
Selección y prólogo
Kenia Cano
Jorge Esquinca
Edición
2024
ISBN
978-607-8992-01-0
Formato
17 x 23 cm
Páginas
396


POESÍA

 

Anaïs Abreu D’Argence | Juana Adcock | Francisco Alatorre Vieyra | Emiliano Álvarez | Andrea Alzati | Tania Carrera | Feli Dávalos | Elisa Díaz Castelo | Luis Eduardo García | Inti García Santamaría | Diana Garza Islas | Verónica G. | Arredondo | Elvis Guerra | Lázaro Izael | Ibán de León | Mónica Licea | Sergio Loo † | Rosario Loperena | Iveth Luna Flores | Álvaro Luquín | Yaxkin Melchy | David Meza | Orlando Mondragón | Christian Peña | Beatriz Pérez Pereda | José Luis Rico | Xitlalitl Rodríguez Mendoza | Ángel Vargas | Karen Villeda | Isabel Zapata

 

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Cada tanto, quienes leemos y escribimos poesía, tenemos la tentación de entrever hacia dónde va y desde qué enunciación parte lo que están escribiendo las promociones más recientes de aquellos con quienes compartimos este oficio.

 

¿Quiénes son?, ¿qué los mueve?, ¿cuáles territorios los llaman a aventurarse en ellos?, son las principales interrogantes que despiertan nuestro interés y, en consecuencia, un impulso genuino por trazar una posible perspectiva, un probable pentagrama que nos ayuden, respectivamente, a mirar los cambiantes lados y vértices del panorama presente, y a intentar escuchar en conjunto las diversas voces que conforman un momento particular de nuestra poesía. Dicha curiosidad o provocación, si así se quiere conlleva una serie de no pocas consideraciones contradictorias, aunque afines en su propósito: concebir una suerte de umbral, no un paradigma recopilatorio; una vía de acceso, antes que una ruta a seguir, para convidar al lector a adentrarse en un recorrido mapeado en función de una visión muy personal del acontecer actual de la poesía mexicana; en este caso, la que están escribiendo los poetas nacidos a partir de 1980.

Quien escribe un poema se interna, con frecuencia, por una geografía extraña. Avanza a través de una zona neblinosa, raramente clara. Sin embargo, lo hace con una suerte de certeza interior: el poema está ahí, esperándolo. Está ahí porque surge de un fondo de verdad que tal vez le estaba predestinado y al que se dirige como quien acude a un llamado poderoso e inexplicable, que lo arrebata y lo conmueve; que lo sacude y lo incita. Se trata entonces de escuchar, de atender lo que asoma en las palabras, lo que se cifra en los signos de esa voz que es suya y también, sin que implique contradicción alguna, es ajena.

Los treinta poetas convocados en esta antología forman parte de una nueva generación, plural y multiforme, que se resiste con tenacidad a las definiciones y a todo encasillamiento. La mayoría comenzaron a publicar a edad muy temprana, jubilosamente dueños de un discurso personalísimo. Sus voces amplifican, diversificándolas, algunas de las rutas más conocidas de la poesía mexicana, se internan por otras mucho menos transitadas e inauguran varias más. Será, particularmente en éstas, donde el lector de poesía —a quien van dirigidos los empeños de esta antología— se encontrará invitado a dejar atrás todo prejuicio y así poder participar, de manera íntima e intensa, con el dictado de cada poema.

Llevamos a cabo esta antología a sabiendas de que se trataba de una empresa de vastas proporciones, para la que habría que asumir riesgos, enfrentar retos tan difíciles de manejar como la constante aparición de nuevos poetas que se han servido de la internet para hacer públicos sus contenidos. Actualmente, la edición de un libro impreso ha dejado de ser una de las condiciones por cumplir. La aventura poética ya no se detiene ahí. Hubo entonces mucho que leer en distintos formatos y en los sitios más insospechados.

Una aventura también —había que asumirlo así desde un principio— ha sido nuestra labor como antologadores al encontrarnos inmersos en ese maremágnum; una tarea que emprendimos con entusiasmo, aunque conscientes de lo que nos aguardaba. Dedicamos a este proyecto más de un año de innumerables lecturas, de constantes y largas conversaciones; de redactar e intercambiar listados de poetas y de libros que parecían crecer infinitamente. Ya vendría luego la parte más ardua: discernir, elegir, reducir ese universo de singulares complejidades hasta configurar una región del mapa compuesta por treinta voces tan cercanas en el tiempo y a la vez tan disímiles como sólo puede serlo un planeta de otro.

Escogimos, a partir de estas consideraciones y de nuestras propias afinidades, las expresiones que estimamos más propositivas, las de manifiesta autenticidad, las que encuentran una mejor resolución a sus propios planteamientos en el ejercicio de una libertad sin cortapisas ante todo lo que implica escribir poesía en un mundo globalizado y en un país como el nuestro, donde los poetas como cualquier otro ciudadano enfrentan cotidianamente una realidad convulsiva, que los lacera y los reta; y que acaso, también, los ilumina.

Con la venia de nuestros editores, hemos dejado que cada una de esas voces se despliegue lo más ampliamente posible dentro de los límites formales de este libro, de tal manera que también el lector de esta antología pueda discernir, escoger, dialogar o sencillamente dejarse seducir por el llamado de las distintas propuestas aquí reunidas.

Nos parece importante apuntar que muchos nombres se nos han quedado pendientes, en suspenso, pero sin duda muy presentes en nuestro entusiasmo de lectores. Un proyecto de estas dimensiones supone necesariamente acotar, en algún punto, las inclusiones; esto da cuenta —una vez más— de que una antología es necesariamente subjetiva y comprende un ejercicio de suma sin la pretensión de establecer una pauta o un canon. Siempre antepusimos la voluntad de dar resonancia a la poesía, con la única finalidad de hacerla participativa, causa común de quienes aquí concurren y que al permitirnos reunirlos contribuyen, cada uno desde su propio paradigma, a vivificar el horizonte de la reciente poesía mexicana.